Autoengaño

Mi cerebro está inventando historias,
a ver si en una de estas te tengo,
mi cerebro está mintiendo 
diciéndome que tú me quieres,
cuando, en realidad, 
no lo sabe  

mi cerebro me dice que 
cuando me ves, me amas 
             pero  
¿realmente me ves? 
o exclusivamente distingues la prisa,
o exclusivamente distingues la ansiedad 

¿ves debajo de lo que muestro? 
de mis reacciones 
O de mis gestos,
de mis dudas y demás 
me ves como yo me veo 
¿O, acaso el tuyo te engaña a su vez?

Amarat

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UN PAR DE OJOS TRISTES

los ojos tristes de un animal
que transita las calles de Lima 
buscan en mis ojos, con miedo,
la bondad de la humanidad 
de la que ha oído hablar

pero mis pasos aprisa 
siguen de largo en la vía 
y mi aura de problemas 
se retuerce con apatía 
volteo, ha caído la mirada

ha perdido la esperanza
entre la multitud que la apaga
mi rutina no me permite retornar
me subo al bus y lo veo retirarse
cansado, soy una más que se aleja

me sumerjo en pensamientos
mas, mi inconsciente lo evoca
se cuela en mis memorias
sus huesos desahuciados
por el hambre corrosiva

este planeta no da abrigo
ni a bestias ni a humanos
y como él, mil otras caras
de animales, que no son sino,
el rostro de nuestra indiferencia

Amarat

 

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4 poemas de Artwood

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LOS POETAS RESISTEN

Los poetas resisten.
Es difícil librarse de ellos,
aunque Dios sabe que se ha intentado.
Nos los encontramos en el camino
en actitud mendicante, con sus platos,
una costumbre ancestral.
No tienen nada,
excepto moscas secas y céntimos falsos.
Nos miran como pasmados.
¿Están muertos o qué?
Sin embargo, tienen esa mirada irritante
de los que saben más que nosotros.

¿Saben más de qué?
¿Qué es lo que alegan saber?
Escupidlo, les silbamos.
¡Decidlo claro de una vez!
Si buscas una respuesta sencilla,
entonces fingen estar locos,
o borrachos, o pobres.
Se pudieron esos disfraces
hace algún tiempo,
esos jerséis negros, esos andrajos;
ahora pueden quitárselos
Y tienen problemas con sus dientes.
Ésa es una de sus cargas.
Les vendría bien ir al dentista.

También tienen problemas con sus alas.
No se muestran dispuestos a colaborar
con nuestro departamento de vuelos.
Ya no planean, no resplandecen,
no bromean.
¿Para qué demonios les pagamos?
(Imagina que les pagamos.)
No pueden despegar
con sus plumas enlodadas.
Si vuelan, es hacia abajo,
hacia la húmeda tierra gris.

Idos, les decimos,
y llevaos vuestra aburrida tristeza.
No os queremos aquí.
Se os ha olvidado cómo decirnos
lo sublimes que somos.
Que el amor es la respuesta,
siempre nos gustó ese verso.
Se os ha olvidado cómo hacernos la pelota.
Ya no sois sabios.
Habéis perdido vuestro esplendor.

Pero los poetas resisten.
No se puede decir que no son tenaces.
No saben cantar, no saben volar.
Sólo saltan y croan
y se golpean contra el aire
como si estuvieran en jaulas,
y cuentan el viejo chiste.
Cuando les preguntan, responden
que dicen lo que deben.
¡Jopé, qué pretenciosos son!

Sin embargo, saben algo.
Hay algo que sí que saben.
Algo que están susurrando.
No alcanzamos a oírlo.
¿Será sobre el sexo?
¿O sobre el polvo?
¿O sobre nuestro miedo?

MARGARET ATWOOD (De “La puerta”, 2007)
(Traducción de María Pilar Somacarreras Íñigo)

 

LECTURA DE POEMAS

Al mirar al poeta -al poeta famoso-
que revuelve sus entrañas, prepara
su cúmulo de pensamientos destructivos
y deseos vergonzantes,
sus odios rancios, sus tenues pero agudas ambiciones,
no sabes si ser sarcástico o agradecido,
al ver que él se confiesa por nosotros.

Desafienate, lleva un jersey suave,
no negro, sino amarillo pálido
como un sorbete de crema, el color
que compras a tus hijos cuando no quieres parecer sexista,
y su rostro de frente inquieta
flota sobre el oscuro fondo del escenario,
sus rasgos poco definidos
como el sol a través de la neblina;

y comprendes cómo era esta cara, una vez,
cuando era un muchachito ansioso
de puntillas y en equilibrio, que se miraba al espejo
y se preguntaba, ¿Por qué no puedo ser bueno?
y luego, ¿Son éstos mis verdaderos padres?
Y después, ¿Por qué el amor hace tanto daño?
Y más tarde, ¿Quién causa las guerras?

Quieres cogerlo en brazos
y contarle un montón de mentiras.
La gente normal no pregunta estas cosas,
podrías decir. En su lugar, vamos a fornicar.
Sabes bien que mujeres más estúpidas que tú
lo han propuesto como remedio para todos los males
de la mente y el alma. Tú juraste no caer nunca en ello,
así que haces una excepción con él.

Pero él sólo respondería,
Te he hablado de mis costras y de mis compulsiones,
mis repugnantes tormentos, mi falta de dignidad…
sólo te ensuciaría.
¿Por qué molestarte?

Y tú contestarías:
Nadie te obligó a hacer esto,
a tontear con las sílabas y el dolor,
a rodar desnudo por los cardos
y sacar tu lengua en las espinas.
Podrías haber sido albañil.
Podrías haber sido dentista.
Estar cubierto de una costra dura. Ser impasible.

Pero es inútil. Muchos albañiles
se han volado los sesos con pistolas,
de pura desesperación. En los dentistas, el porcentaje es más alto.
Quizá sea en lugar de, el escribir poesía.
Quizá esa sarta de palabras,
que ahora sale de él cual vena despellejada,
es lo que lo mantiene atado
a unos metros cuadrados de esta tierra.

Así que sigues mirando, mientras se desolla a sí mismo
en un éxtasis de auto-reproche,
ahora ya está en ropa interior,
lleva una saya de crin y unas cadenas
-fíjate bien: éstas son metáforas-
y comprendes que, al fin y al cabo,
tiene una destreza inconsciente, como hacer collares de cuentas
o destripar una caballa.
Existen técnicas o trucos para ello.

Pero en el momento en que te sientes engañado,
su voz se interrumpe de forma abrupta. Asiente levemente
y sonríe, hace una pausa;
y tú sientes el aliento que respiras
como un puño de aire que te golpea,
y te unes al aplauso.

MARGARET ATWOOD (De “La puerta”, 2007)
(Traducción de María Pilar Somacarreras Íñigo)

 

UNA MUJER POBRE APRENDE A ESCRIBIR

Está en cuclillas, los pies desnudos,
abiertos, sin
gracia; la falda metida alrededor de los tobillos.

Tiene la cara marchita y agrietada.
Parece vieja,
más vieja que nadie.

Probablemente tiene treinta años.
Sus manos, también arrugadas y agrietadas,
garabatean con torpeza. Su pelo está escondido.

Escribe con un palo, laboriosamente,
en la tierra húmeda y gris,
mientras frunce, con ansiedad, el ceño.

Escribe letras grandes, anchas.
Ahí está, terminada,
su primera palabra hasta ahora.

Nunca pensó que podría hacerlo,
ella, no.
Eso era para otros.

Mira hacia arriba, sonríe
como disculpándose,
pero no lo hace; esta vez, no; ahora sí lo hizo bien.

¿Qué está escrito en el barro?
Su nombre. No podemos leerlo.
Pero lo podemos adivinar. Mira su cara:

¿Es una Flor gozosa? ¿Radiante? ¿Sol reflejado en el Agua?

MARGARET ATWOOD (De “La puerta”, 2007)
(Traducción de María Pilar Somacarreras Íñigo)

HAS OÍDO AL HOMBRE QUE AMAS

Has oído al hombre al que amas
hablando consigo mismo en el cuarto de al lado.
No sabía que le escuchabas.
Pegaste el oído al muro
pero no conseguías captar las palabras,
sólo una especie de ruido sordo.
¿Estaba enfadado? ¿Estaba maldiciendo?
¿O era una especie de comentario
como una larga y críptica nota al pie en una página de versos?
O buscaba algo que había extraviado,
como las llaves del coche?
Entonces, de repente, se puso a cantar.
Te asustaste
porque era algo nuevo,
pero no abriste la puerta, no entraste,
y siguió cantando con su voz grave, desafinada,
densa y dura como el brezo.
La canción no era para ti, no te mencionaba.
Tenía otra fuente de contento,
nada que ver contigo en absoluto,
era un hombre desconocido, que canta en su cuarto, solo.
¿Por qué te sentiste tan dolida, y tan curiosa,
y al mismo tiempo tan feliz,
y también tan libre?

MARGARET ATWOOD (De “La puerta”, 2007)
(Traducción de María Pilar Somacarreras Íñigo)

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Swing

Lentejuelas de colores 
ondas en expansión
cubre plazas vacantes

magma saltarina,
masa no newtoniana
te desplazas al ritmo

mi piel se eriza,
tu silbido dentro  
de mis tímpanos   

me induce a oscilar
moverme al compás 
pongámonos en marcha 
 

honremos la música
de nuestros ancestros
¡echémonos a bailar! 

Amarat

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¿Qué es el amor?

Qué es el amor, si no lo breve, si no lo eterno,
si no el deseo, aquel perpetuo abnegado,
Qué es el amor, si no un absurdo impulso
Qué es el amor, si no te veo, si no te olvido,
no es más que un suspiro, o un mero antojo

¿Qué lo compone, entonces?
una mezcla de feniletilamina y licor,
la esencia escondida, el extraviado niño interior,
la inexistencia de crueldad, un pedazo de nirvana
cenizas que crean memoria, una luz, un guía

¿Qué es el amor, amor mío?
si no el sentimiento que trae el alba
¿Qué es el amor, amor mío?
si no es apreciarnos con cada día
¿Qué es el amor, amor mío?
si no eres tú creciendo a mi lado

Qué es, si no el superviviente moribundo,
si no es lo desapercibido y lo complejo
Qué es, si no el amante perdido,
si no el enredo y el desenlace
Qué es, si no es besarte 

¿Qué es el amor, amor mío?
si no el universo revelándose indefenso
¿Qué es el amor, amor mío?
si no somos tú y yo,
en este instante.

Amarat

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Pasos de libertad 

despiertas gris como un cervatillo de invierno 
un día que todavía no decide cómo sentirse 
soñolienta bostezas mientras rayos solares 
te acarician, asomándose tímidos por la ventana,
te levantas, te estiras ¿gustas de un paseo? 
emprendes el viaje, caminas sin cesar 
 
junto a los árboles te deslizas 
ballet sosegado de plazas análogas 
¿ Qué  tienes  de  particular ? 
mirada ambivalente de vileza y piedad 
tus suaves y rebeldes cabellos 
tu manera alegre de rondar 
 
cuando das pasos sola y te detienes 
demandando de alguien más 
radiante joya de manantial 
eres júbilo y serenidad 
hermosa, eres hermosa 
y contemplarte es sensacional

Amarat

 

pasos de libertad

Encuentra las similitudes

pensarte hace revolotear mi alma
recordarnos tendidos en el pasto
o cuando caminando de la mano

tu corazón explota junto al mío
en una bocanada de emociones
de una mirada en el crepúsculo

te juro mi amor que si pudiera
te inventaría un diccionario entero
para expresarte cómo me haces vibrar

temblar con tu resuello en mi pecho
volar con uno solo de tus besos
con un solo de tus versos

tantos sentimientos y ninguno te describe
porque eres todo junto, todo o nada
y mi alma se desbarata al extrañarte

al sentir la cama vacía de tus caricias,
que quiero amarrarte a mi cintura,
tatuarte dentro de mi piel granate

voy a hallar una forma para describirte
o al menos, pretendo morir en el intento
porque, cariño, si lo consigo ¡Cielos!

se sentirá como inventarse una fórmula
o como hallar la puerta hacia el nirvana,
si puedo plasmar aunque sea un suspiro tuyo

si puedo atrapar en una rima, el sonido de tu voz
y conservar esta felicidad que estalla en mis moléculas
yo, habré inventado una sustancia que se asemeje al amor

Amarat

 

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Pluviofilia

Ver en mi ventana una ruta trazarse  
como las líneas de mis palmas 
como las ramas de las arboledas 
 
caen expulsadas por las nubes, 
pedazos de cielo, componente divino, 
acaricia mi rostro con tus lágrimas 
 
humedece la lengua que te acierta 
los brazos que se abren a tu espera 
el corazón que se desnuda a tu paso 
 
borra las huellas del barro, 
empapa la ropa seca, lluvia, 
rétanos y déjanos sin escenario 

Amarat

Tonalidades

No me pongas un color 
mi piel abarca cada gama 
es tan clara como mis palabras 
y tan oscura como mis instintos 
 
es tan mestiza 
que te lleva dentro 
a ti, Tierra y 
sus habitantes 
 
mi piel  
únicamente tiene matices 
entre luces fluorescentes 
o iluminación a luz de vela 
 
mis pigmentos, de ti se burlan 
pues en ellos 
ves la diferencia 
mas no la indiferencia que conllevan 
 
y si andas pendiente de ellos,
vete, vete lejos que
nuestros colores
 
no te necesitan

Amarat

 

tonalidades

Whisky

Y si me enamoro de ti 
que eres un enigma,   
que eres controversia, 
acariciarías mi frente por horas,  
tus pulgares trenzarían cabellos, 
me abandonaría en tu cintura   
 
sumergiéndome en tu ombligo, 
podría besar tu celestial centro, 
absorber la miel dentro de él… 
qué ocurre si me enamoro de ti,  
si relegamos que eres una utopía, 
qué ocurre si me pierdo en tu boca
 
quien con dulzura me besa, 
quien con temor se aleja, 
podría enamorarme de ti 
una velada taciturna como esta, 
en la cual admiro tus ojos sellados, 
en cual aspiro tu hedor de frambuesas   
 
también podría deslizarme
entre aquellas piernas, 
olvidando mi apellido  
en un bosque infinito; 
yo podría enamorarme de ti   
o como ahora, dejarte partir

Amarat

whisky